ESTRÍAS DE TIERRA

Hilo bordado a mano sobre Lino

89 x 120 cm. Laguna de Aculeo, Chile. 2020

 

Justo antes de que decretaran cuarentena en Santiago, lugar donde vivo, me encontraba pasando unos días en Laguna de Aculeo, al sur de Santiago. Por lo que mi estadía de una semana, se extendió a un período de tres meses. Tiempo en que pude comprender y sentir el lugar y con ello, intentar traducirlo en mi arte.

 

La zona de Aculeo fue arrasada por la sequía y la desertificación provocada por privados, lo que terminó por secar completamente la laguna hace unos años. Con esto, un ecosistema natural, lleno de agua y naturaleza, se trasformó en un desierto, en el que solo quedaron casas deshabitadas, muelles vacíos y vehículos acuáticos abandonados. Además, de un gran cráter fangoso, lleno de huesos de animales muertos, excremento y piedras. 

 

Los meses en que estuve allí llovió más de lo usual, lo que permitió presenciar la transformación de un paisaje, en un principio seco y silencioso, a uno en plena ebullición de colores y sonidos. Así, estando en medio de este horizonte de montañas, cielo y tierra y poder ver cómo la luz y el agua afectaban el panorama, comencé a fijarme en las líneas que se dibujaban en el suelo de la laguna. Líneas que desde los cerros se apreciaban como un mapa entramado de surcos y cruces, los que quise plasmar y resignificar con la obra que ahora presento. 

 

“ESTRÍAS DE TIERRA” es un bordado que traza en hilo, los surcos secos de agua y las huellas de los animales que pastan en este gran campo eriazo de la laguna.  Busqué que estas marcas de tierra se traspasaran en hilo a la tela por medio del bordado a mano, como una forma de perpetuar la experiencia vivida en el lugar, y recordar que los territorios tanto como las personas mantienen una memoria sensible al paso del tiempo. 

 

Por otro lado, la práctica de bordar alcanza para mí, una dimensión meditativa por la repetición del gesto y el tiempo prolongado que requiere su factura. Así cada puntada de hilo se convirtió en un mantra conmemorando la importancia del agua, y con ello una rogativa, como solían hacer los pueblos originarios, para que siguiera lloviendo.

ESTRÍAS DE TIERRA

Hilo bordado a mano sobre Lino

89 x 120 cm. Laguna de Aculeo, Chile. 2020

 

Justo antes de que decretaran cuarentena en Santiago, lugar donde vivo, me encontraba pasando unos días en Laguna de Aculeo, al sur de Santiago. Por lo que mi estadía de una semana, se extendió a un período de tres meses. Tiempo en que pude comprender y sentir el lugar y con ello, intentar traducirlo en mi arte.

 

La zona de Aculeo fue arrasada por la sequía y la desertificación provocada por privados, lo que terminó por secar completamente la laguna hace unos años. Con esto, un ecosistema natural, lleno de agua y naturaleza, se trasformó en un desierto, en el que solo quedaron casas deshabitadas, muelles vacíos y vehículos acuáticos abandonados. Además, de un gran cráter fangoso, lleno de huesos de animales muertos, excremento y piedras. 

 

Los meses en que estuve allí llovió más de lo usual, lo que permitió presenciar la transformación de un paisaje, en un principio seco y silencioso, a uno en plena ebullición de colores y sonidos. Así, estando en medio de este horizonte de montañas, cielo y tierra y poder ver cómo la luz y el agua afectaban el panorama, comencé a fijarme en las líneas que se dibujaban en el suelo de la laguna. Líneas que desde los cerros se apreciaban como un mapa entramado de surcos y cruces, los que quise plasmar y resignificar con la obra que ahora presento. 

 

“ESTRÍAS DE TIERRA” es un bordado que traza en hilo, los surcos secos de agua y las huellas de los animales que pastan en este gran campo eriazo de la laguna.  Busqué que estas marcas de tierra se traspasaran en hilo a la tela por medio del bordado a mano, como una forma de perpetuar la experiencia vivida en el lugar, y recordar que los territorios tanto como las personas mantienen una memoria sensible al paso del tiempo. 

 

Por otro lado, la práctica de bordar alcanza para mí, una dimensión meditativa por la repetición del gesto y el tiempo prolongado que requiere su factura. Así cada puntada de hilo se convirtió en un mantra conmemorando la importancia del agua, y con ello una rogativa, como solían hacer los pueblos originarios, para que siguiera lloviendo.